( 5 Enero 2008 - publicado La Tercera 10 Dic. 2007) Las emisiones contaminantes de las fábricas chinas que utilizan carbón, así como la de las plantas de electricidad térmicas que utilizan este mineral, tardan entre cinco y 10 años en llegar a Estados Unidos, como una tormenta que avanza muy lentamente.

Al llegar, se hacen evidentes en el mercurio hallado en la carne de los bagres y truchas del Río Willamette, en el estado occidental de Oregón. Aumentan también la incidencia de los cielos nublados y elevan los niveles de ozono en el aire.

Y en el trayecto, agravan la lluvia ácida en Japón y Corea del Sur, y causan problemas de salud en varios lugares desde Taiyuan, China, hasta Estados Unidos.

El carbón, barato y abundante, se ha convertido en el combustible preferido en buena parte del mundo, y ha propulsado el auge económico en China e India, que ha sacado de la pobreza a millones de personas. La demanda mundial se incrementaría aproximadamente en 60% hacia el 2030, a unos 6.900 millones de toneladas al año, y buena parte del combustible se dirige a plantas generadoras de electricidad.

Pero el aumento en la combustión del carbón está agravando también el recalentamiento global, y se le vincula a problemas ambientales y de salud, que van de la lluvia ácida al asma. La contaminación del aire mata prematuramente a más de 2 millones de personas, según la Organización Mundial de la Salud.

"Por mucho, el carbón es el contaminante más sucio", dijo Dan Jaffe, científico atmosférico en la Universidad de Washington, quien ha detectado emisiones procedentes de Asia al realizar investigaciones en el Monte Bachelor de Oregón y en el Pico Cheeka, del estado de Washington. "Bajo todos los parámetros, se trata de un combustible muy malo".

Para entender plenamente el conflicto sobre el carbón, hay que echar un vistazo a Taiyuan y a la provincia circundante de Shanxi, la mayor región carbonífera de China -y una de las más contaminadas-.

De la noche a la mañana, el carbón ha convertido a los agricultores pobres de esta ciudad de 3 millones de habitantes en millonarios que conducen su auto Mercedes y que son llamados despectivamente "baofahu" o nuevos ricos.

Los hoteles deslumbrantes muestran trozos de carbón en el vestíbulo, y los centros comerciales promueven varias marcas de célebres diseñadores de modas, desde Versace hasta Karl Lagerfeld. Los precios de los bienes raíces se han duplicado, según los residentes, y por toda la región se ven grúas gigantescas utilizadas en la construcción.

Un museo en Taiyuan está dedicado a la industria carbonífera. Entre las fotos de mineros sonrientes, se presenta al carbón como la base del desarrollo económico nacional, que ha hecho posible desde la construcción de vías férreas hasta la fabricación de productos para el cuidado de la piel.

"Hoy, el carbón ha penetrado cada aspecto de la vida de la gente", señala el museo en uno de sus carteles. "No podemos vivir cómodamente sin carbón".